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En la vida hay situaciones difíciles de afrontar pues implica hacerte cargo de ti mismo, es decir responsabilizarte de tus emociones, pensamientos y acciones. A lo mejor puedes sentirte en una lucha interna entre lo que sientes que quieres hacer y entre lo que crees correcto, de acuerdo a lo que piensan los demás;   ¿Cómo llegar a un equilibrio entre ambas cosas?, ¿cómo saber a qué darle prioridad? ¿Cómo saber que tu decisión es lo mejor para ti? ¿Cómo saber si no le hará daño la otra persona?

Las respuestas a esta preguntas solo podrás encontrarlas en tu interior; muchas veces, tienes la claridad de lo que deseas hacer, sabes que es lo que necesitas y sabes cuál es el camino, pero te preocupa mucho más lo que el otro pueda llegar a pensar sobre esa decisión que vas a tomar, y más si sientes que en alguna medida se encuentra involucrada, pues aparece el miedo a ser juzgado, criticado, e incluso rechazado; por esto, la salida más fácil para este tipo de situaciones es evadir, evitar el contacto directo, inventar excusas y hacer todo lo posible para que el tema no sea abordado, en palabras coloquiales “hacerse el bobo”; pero, la preocupación por este tipo de situaciones te llena de angustia y ansiedad, pues estar pensando en lo que no ha pasado o en la manera de resolver la situación de la mejor manera te hace estar en el mundo de tu mente imaginando los posibles escenarios que pueden presentarse para resolver dicha situación.

Esto de imaginar posibles escenarios es completamente válido, y de hecho puede llegar a ser muy útil, pero también puede jugarte en contra, pues quédate planeando la situación puede generar un desgaste emocional que aumenta tus miedos y esto te impide pasar a la acción, es decir, te imposibilita llevar a cabo el plan que has elaborado en tu mente, generándose así un estado de preocupación, angustia y falta de acción.

Estar preocupados te lleva a darle vueltas en tu cabeza a eso que no has solucionado, a eso que estás evadiendo tal vez por la incertidumbre de no saber cuáles son las consecuencias que esto podría traer en tu vida y el impacto que puede generar en tus relaciones con los demás, la preocupación te resta energía vital, pues estás pensando en aquello que no ha sucedido aún, en vez de ocuparte de aquello que si esta en tus manos. Muchas veces el asunto que te preocupa es algo que puedes resolver, solo basta una acción para ocuparte, y hacerte cargo de eso que te preocupa.  

¿Qué hacer entonces para pasar a la acción? Con miedo y todo toma la decisión, da el paso y haz lo que ya sabes que tienes que hacer, y recuerda que cada vez que enfrentas tus miedos, ganas fuerza, coraje y confianza en ti mismo. No lo duces más, que como dice un dicho muy típico de nuestro país, es mejor ponerse colorado un ratico que pálido toda la vida. Así que atrévete a seguir eso que te dice el corazón, pues hace parte de reconectarte contigo mismo, de aprender a escucharte y a serte fiel, se coherente con tu sentir, tu pensar y con tu actuar.

Respira profundo, conéctate con tu corazón, toma impulso y lánzate a la acción…. Si algo en ti te lo dice, no hay la menor duda que es lo que necesitas! Adelante.

En Visión Integral te brindamos las herramientas necesarias para que te empoderes y te hagas cargo de ti mismo, de tus emociones y de tus decisiones.

 

Laura Coy Molina

Psicóloga Integral

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www.visionintegral.org

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